Nueva ayuda, nueva eficiencia: movimiento rápido del efectivo

La ayuda basada en el efectivo está transformando los esfuerzos humanitarios. ONGs como el Programa Mundial de Alimentos lo confirman en Líbano, donde 700 000 refugiados utilizan una tarjeta electrónica para comprar en 500 tiendas de todo el país. Aparte de su eficiencia y el impulso que supone para las economías locales, el efectivo también ofrece a sus beneficiarios más dignidad en tiempos de incertidumbre.

A media docena de kilómetros al sur de Beirut, la capital de Líbano, la polvorienta carretera de dos carriles que une Beirut y Saida atraviesa Ouzai. Este vecindario densamente poblado se ha convertido en poco más que un gueto olvidado, y Ouzai es hoy un páramo de pobreza y superpoblación. Algunos afirman que a ambos lados de esta carretera viven más refugiados sirios que ciudadanos libaneses. Una carretera que se podría decir que es un salvavidas, flanqueada por tiendas, garajes y estaciones de servicio; unas más pequeñas, otras más grandes, pero todas coloridas, ruidosas, abarrotadas y caóticas. En los solares detrás de los negocios, cubiertos por cables negros que se extienden como telarañas desde los muros tostados y repletos de basura, las familias forman sus hogares en casas mal construidas.
Rabiaa Yassin tiene 24 años y dos hijos, y huyó de Idlib (Siria) hace casi cuatro años. Rabiaa abre la pesada puerta de hierro de su hogar que conduce a una pequeña habitación abarrotada de unos 10 metros cuadrados, otra habitación más allá y a continuación una especie de cocina y baño. «Me cuesta 200 dólares al mes», dice Rabiaa, «más agua y electricidad».


El efectivo se convierte en un elemento clave en la distribución de ayuda

Una tarjeta que transforma la ayuda y la eficiencia

Este es el perfil del hogar de Rabiaa elaborado por el Programa Mundial de Alimentos: «La familia de tres miembros vive en una pequeña habitación independiente que se integra en una vivienda común que aloja a quince familias en la zona de Ouzai. Hay dos niños de cuatro y seis años. El cabeza de familia es una madre de 24 años; su marido no está inscrito en el programa de ACNUR. Ninguno de los dos tiene trabajo fijo y ambos buscan constantemente cualquier trabajo temporal para ganar dinero y complementar la ayuda humanitaria que reciben». Rabiaa saca una tarjeta roja numerada que representa la realidad de la que hablan los documentos de la ONG. Es solo una tarjeta, pero también un paso importante en el cambio de mentalidad, la ayuda humanitaria y, por supuesto, la eficiencia.
Durante años y años, nuestra conciencia colectiva de lo que es la ayuda global ha sido moldeada por las mismas imágenes, casi icónicas. En Líbano, Somalia, Haití o en cualquier otro lugar, cada vez que hay una crisis vemos a las ONGs distribuyendo cajas de comida y botellas de agua entre grupos de beneficiarios sedientos y demacrados. Pero ahora tenemos que revisar nuestra conciencia colectiva.

El efectivo ofrece un beneficio sustancial doble que no ofrece la ayuda alimentaria

Durante las primeras fases de la respuesta de Líbano a la crisis siria, las agencias humanitarias comenzaron a sustituir la ayuda en especie por la asistencia en efectivo (CBA, por sus siglas en inglés) para atender de forma más eficaz las necesidades de los refugiados. «Este cambio se vio facilitado por mercados funcionales, suficiente capacidad técnica, servicios bancarios adecuados e infraestructura sólida en todo el país», explica Martina Iannizzotto, encargada del PMA de Beirut, Monte Líbano y la suboficina del sur. «Nos hemos ganado una reputación por distribuir y mover comida rápidamente. Aquí movemos efectivo rápidamente», continúa.

La CBA no solo llega rápidamente, también resulta más barata de implementar que distribuir comida, operación que acarrea un enorme gasto logístico: es costoso comprar la comida, trasladarla, y después los cientos de empleados del PMA tienen que poner los cereales y el aceite en cajas y luego repartirlas entre la gente. «No es eficiente», afirma Edward Johnson, el portavoz del PMA en Líbano. «Y no hay que olvidar la importancia que tiene en términos de dignidad para los beneficiarios que pueden comprar lo que quieren comer y no lo que les decimos que coman».

El sistema de tarjeta electrónica del PMA ha aumentado mis ganancias aproximadamente el 25 % desde noviembre de 2016.

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Aref Rayya, propietario de una tienda, Ouzai

El efectivo aporta dignidad y confianza

El sistema, desarrollado conjuntamente con MasterCard y Banque Libano-Francaise, el proveedor local de servicios financieros, ha suministrado una tarjeta a unos 180 000 hogares. Y hay que hacer hincapié en que la CBA no solo brinda esperanza a las familias de refugiados, sino que también supone un impulso sustancial para la economía libanesa. «Allí donde repartimos efectivo, todas las pruebas demuestran que las personas lo usan correctamente. En cuanto a nuestro impacto en este punto, observamos que cada dólar de ayuda en efectivo que entregamos en Líbano genera 2,13 dólares para la economía libanesa», afirma Kevin Murphy, gestor de efectivo en el International Rescue Committee (IRC) de Líbano.

Aref Rayya es el dueño de «Nour Market» en Ouzai, y su local se ha convertido en una de las tiendas contratadas por el PMA en noviembre de 2016. Sus ventas mensuales a beneficiarios del PMA ascienden a entre 18 000 y 21 000 dólares. «He añadido diferentes productos a petición de los refugiados sirios, sobre todo margarina, aceites y queso». ¿Y qué piensan sus clientes habituales? Aref insiste en que no ha perdido a ninguno de sus clientes libaneses, y no le preocupa que llegue el día en que los refugiados (y con ellos el 25 % de sus ingresos) abandonen el lugar. «No me afectará mucho, porque la tienda está en un buen sitio. Si ellos se van, vendrán otros».


Cambiar la gestión de efectivo para impulsar la economía

¿Cuáles son los planes de futuro para lo que podemos llamar «eficiencia de la ayuda»? «Desplegarla en otros países», apunta Edward Johnson, el portavoz del PMA, «y comenzar un ensayo con 140 000 personas que nos permitirá avanzar hacia un sistema en el que los usuarios puedan retirar efectivo de un cajero automático y hacer lo que quieran con el dinero». Edward añade que el PMA confía plenamente en que el efectivo se gastará en alimentos, ya que es la mayor área de necesidad a la que se enfrentan las personas. «Estamos concediendo prioridad a la ayuda en efectivo: tenemos un plan ambicioso para aumentar el uso de ayuda en efectivo hasta el 25 % en 2020», afirma Kevin Murphy, gestor de efectivo del IRC.

El PMA debe entender mejor el comportamiento de los beneficiarios y las tiendas, y minimizar las prácticas no deseadas.

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Tobias Flämig, Director de la unidad económica y de análisis de mercado del PMA


Big data para aumentar la eficiencia

Con entre 18 y 22 millones de dólares cargados en tarjetas electrónicas cada mes, el plan del PMA en Líbano supone actualmente la mayor intervención de transferencia basada en efectivo de la agencia, y una gran fuente para generar datos útiles.

  • En marzo de 2016, había 1 100 000 refugiados sirios registrados por ACNUR en Líbano: la mayor concentración de refugiados del mundo en relación con su población.

  • Los beneficiarios utilizan las tarjetas electrónicas como tarjetas de débito en más de 500 tiendas contratadas por el PMA en Líbano. Se han inyectado directamente 900 millones de dólares en la economía libanesa desde 2013.

  • El rastreo de las huellas digitales permite a las agencias humanitarias controlar el cumplimiento del programa. Este sistema podría mejorar el cumplimiento y la eficiencia del programa, y garantizar que lleguen más recursos a quienes más los necesitan.


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