Todo lo que el dinero digital hace posible, y lo que no

La digitalización tampoco se detiene ante el flujo monetario. ¿Pero puede decirse que el dinero digital, como los bitcoins, es realmente una moneda? ¿Y qué porcentaje del dinero clásico es ya digital? G+D ofrece soluciones para el pago, tanto actual como futuro.

La idea base todavía puede entenderse. La crisis financiera de 2008 hizo que la confianza en los organismos gubernamentales se tambaleara de tal forma que las monedas como el bitcoin, aparecido poco antes, se hicieran muy populares. Cierto es que se suele hablar de una nueva «moneda digital» que sustituirá al dinero en efectivo, pero lo más seguro es que esta predicción no llegue a hacerse realidad. Si bien todo el mundo puede adquirir bitcoins e incluso pagar con ellos en algunos países y en Internet, utilizar en este contexto el término de nueva «moneda» lleva a confusión, ya que dicho término debería reservarse solo para dinero que tiene el apoyo de una institución centralizada, como un banco central. «En el caso del bitcoin esto no es así», explica Florian Gawlas, director de Technology de G+D. «A esto se añade que el bitcoin se utiliza sobre todo como inversión financiera digital, con la esperanza puesta en un considerable aumento del valor. Dado el grupo de usuarios que utilizan este dinero y confían en él, lo llamamos Digital Community Money (DCM) y no moneda digital».

The revolutionary aspect here is that it removes the payment process from the structure of the established financial system.

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Florian Gawlas, Technology Director at G+D Mobile Security

La «Community» consiste en este caso en personas de todo el mundo que han adquirido bitcoins cuya base es la tecnología blockchain subyacente. «Lo revolucionario aquí es que a la hora de pagar se abandona la estructura del sistema financiero establecido», explica Florian Gawlas. «El abandono también es técnico, ya que con la tecnología blockchain las cuentas no se guardan de forma centralizada en un banco, sino replicadas en muchos equipos informáticos. Cada particular puede operar un ordenador en la red». En total en el mundo digital existen casi 1200 variantes de DCM, que se diferencian claramente en su capitalización de mercado. El siguiente ejemplo muestra que el bitcoin no se utilizará probablemente nunca en la vida cotidiana: si en un país como Alemania se aceptara de repente el bitcoin como medio de pago para todas las operaciones comerciales, este dinero digital se vería rápidamente superado. «La cantidad total de dinero es demasiado pequeña y en la actualidad la blockchain de bitcoin toca techo con 3 o 4 transacciones por segundo. Esta cantidad sería incluso insuficiente para los supermercados de una pequeña ciudad alemana. Por tanto, el bitcoin no cumple en la actualidad los requisitos técnicos para actuar como medio de pago de masas», afirma Florian Gawlas. En cambio, el proveedor de tarjetas de crédito Visa tiene capacidad para varios miles de operaciones por segundo. Otra desventaja del bitcoin es que resulta muy difícil calcular su valor. Por ejemplo, entre marzo y mediados de octubre de 2017 su valor fluctuó entre los 1.000 y los casi 6.000 dólares estadounidenses. Por tanto, puede afirmarse que, si bien la idea de crear un sistema de dinero ajeno al sistema financiero establecido puede resultar romántica, convertir dicho sistema en un sistema de masas está todavía lejos de ser realizable.

Credit: Paul Paladin


Las monedas digitales no sustituirán al dinero en efectivo tan rápidamente

Sin embargo, a menudo se analiza si las monedas digitales podrían utilizarse al menos como complemento, siempre de manera regulada, contando con el respaldo de un banco central. El objetivo no sería, no obstante, eliminar el dinero en efectivo, sino poder ofrecer un servicio adicional por así decir. El Riksbank, el banco central de Suecia, ha puesto en marcha un proyecto para estudiar cuáles serían las implicaciones que la implantación de una monedad digital, una «e-krona», tendría para la sociedad y la economía del país. «El objetivo no es sustituir el dinero en efectivo», explica Tilo Fritzhanns, director de Technology Management de G+D. «Al final es la ciudadanía la que decide si deposita su confianza en una moneda digital o no. Y es precisamente ahí donde el dinero en efectivo sigue ocupando un lugar privilegiado en todo el mundo».

Para muchas personas el dinero en efectivo sigue siendo actualmente el método de pago que más confianza inspira y el más cómodo.

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Tilo Fritzhanns, director de Technology Management de G+D

A esto hay que añadir otro problema, en cierto sentido un desplazamiento tectónico del sistema financiero. «Algunos países son escépticos frente a las monedas digitales porque podrían debilitar la posición de los bancos comerciales». Las operaciones bancarias clásicas se llevarían a cabo cada vez más a través de los bancos centrales, lo que haría que se abandonara la función de filtro de los bancos comerciales, tan importante en la actualidad. «El sistema financiero actual de varios niveles estaría al borde del precipicio, y eso es algo que no interesaría a ningún país», afirma Tilo Fritzhanns.


Aunar el mundo analógico y el digital

Transferencias rápidas con Instant Payment

La digitalización ya nos ha brindado algunos ejemplos de cómo se pueden combinar mejor el «mundo antiguo» y el «nuevo mundo». Como ejemplo, la línea de producción clásica de una fábrica de automóviles se mejoró y convirtió en Industria 4.0 gracias a la tecnología inteligente. Puede que la solución para el dinero consista en combinar sistemas acreditados con nuevas prestaciones. La cuestión es saber cuáles son las ventajas, si las hay, del dinero digital. Una es que se puede transferir en cuestión de segundos –a ser posible de un terminal móvil a otro– y agiliza así por ejemplo las operaciones de comercio electrónico. De esta forma, el importe llegaría al dueño de la tienda online prácticamente al mismo tiempo que el pedido. Pero para esto no hace falta tener una moneda digital, puesto que ya es parcialmente posible con nuestro sistema financiero clásico. «El Instant Payment es también una alternativa interesante, ya que el usuario final lo percibe como una moneda digital pero no conlleva riesgos económicos, puesto que se basa en sistemas monetarios establecidos», subraya Tilo Fritzhanns.

En EE. UU. y Escandinavia, por ejemplo, ya se utiliza el «Instant Payment», que permite realizar transferencias en cuestión de segundos. En Europa se quiere utilizar la norma SEPA para superar la fragmentación del mercado. Una transferencia SEPA tarda un día laborable; el instrumento SCTinst, derivado de ella, se ejecuta en tan solo 10 segundos, y puede que dentro de poco en tan solo 2 segundos. En noviembre de 2017 EBA Clearing pondrá en marcha una plataforma para el procesamiento de pagos instantáneos, y un año más tarde lo hará también el Banco Central Europeo. Mientras esto no sea realidad, diversas tecnológicas financieras, como el servicio de pago por Internet PayPal, intentan colmar estas lagunas del mercado. «Estos proveedores se sitúan entre los bancos y los clientes», explica Maria Veleva, jefa de producto de Financial Solutions de G+D. Maria Veleva aconseja a los bancos preparar sus propios productos para que el cliente siga teniendo así un contacto directo con su banco sin tener que hacer uso de aplicaciones de otros proveedores. Aquí G+D ofrece apoyo a las entidades financieras, ya que «G+D es el socio líder mundial en materia de seguridad».


Cuando las máquinas pagan por sí mismas

Entre tanto ha cristalizado una nueva aplicación para el dinero digital. En el marco de la Industria 4.0 han surgido nuevos ámbitos de utilización para el dinero DMC (Digital Community Money). La «Community» no está formada por personas que compran bitcoins, sino por máquinas que se comunican entre sí – y se pagan mutuamente por los servicios prestados. En una época en la que la conducción autónoma es posible, las máquinas inteligentes pueden hacerse cargo igualmente bien de procesos de facturación.

«Las especificaciones que debe cumplir el dinero que las máquinas utilizan entre sí son muy distintas a las del dinero que utilizan las personas y, con ello, más difíciles de aceptar por la sociedad», cree Tilo Fritzhanns de G+D. «Pero en el Internet de las cosas (IoT) vemos verdaderas perspectivas para el dinero digital, ya que aquí hay muchos importes de céntimos y subcéntimos que deben transferirse con rapidez. En ese caso tiene sentido un sistema propio». Esto facilitaría por ejemplo la implantación de modelos de pago por uso, en los que una empresa industrial no compra una máquina, sino que solo le paga al fabricante por el tiempo que la máquina está realmente en funcionamiento. El intercambio se realiza mediante una conexión entre máquinas (M2M) que suministra datos y regula al mismo tiempo el pago digital. «En el ámbito del Internet de las cosas (IoT) las especificaciones simplemente han cambiado», aclara Tilo Fritzhanns. «Lo que se quiere es que los aparatos sean más independientes, y un elemento en este sentido es que las máquinas realicen transacciones de pago entre ellas». Pero tampoco esta modalidad de pago va a sustituir necesariamente al dinero en efectivo y a nuestro sistema financiero clásico. La larga historia del dinero muestra que existen varias modalidades en paralelo. De hecho, la cantidad de dinero en efectivo sigue creciendo en todo el mundo. Como vemos, los billetes de banco no están tocando a su fin; están simplemente teniendo hermanos digitales inteligentes.


¿Bitcoins? En cierta forma la historia del dinero se repite

Al igual que ocurre entre hermanos, hay algunos parecidos. Uno de los más importantes es que tanto el valor de los billetes de banco como el de las monedas digitales se basa en la confianza. Basta echar un vistazo a la historia del dinero, con la que casi ninguna empresa del mundo está tan estrechamente ligada como G+D. Creada en 1852 en la localidad alemana de Leipzig, la empresa nace en medio de la plena industrialización y del avance del dinero en papel en Europa. Tan solo dos años después de su creación, G+D imprimía los primeros billetes de banco para el Weimarische Bank, que si bien en ese momento no contaba ni con diez años de existencia, ya podía emitir su propio dinero. «La gente iba y cambiaba sus piezas de oro por un papel impreso», explica Astrid Wolff, encargada del archivo histórico de G+D. «Esto supuso un verdadero y profundo cambio cultural. Basta con pensar que en el Imperio Alemán los billetes de banco no se convirtieron en medio de pago de curso legal hasta poco antes de la Primera Guerra Mundial. Esto quiere decir que nadie estaba obligado a aceptar billetes de banco. El Reichsbank respondía solo de los billetes que había emitido, pero no de los emitidos por la banca privada».

El hecho de cambiar hoy en día dólares estadounidenses o euros a bitcoins, que no tienen ni diez años de antigüedad y no están respaldados por ninguna autoridad reguladora, resulta en realidad tan osado como el gran cambio que se produjo hace casi 170 años. «Los billetes supusieron en su momento una virtualización del dinero, ya que el material utilizado dejaba de suponer un contravalor adecuado», nos cuenta Astrid Wolff. «Tras la Primera Guerra Mundial este medio pasó a ser de masas, porque había también billetes de valor más reducido. La confianza en el dinero de papel se mantuvo a pesar de la hiperinflación de los años 20». Desde el punto de vista cultural estamos a punto de volver a franquear un umbral, exactamente como en el año 1850. Pero todavía está por ver cómo evoluciona la confianza en el dinero digital.


Think Tank Digital Currencies

Nuevo laboratorio de ideas

G+D quiere participar en la evolución de esta tendencia y ha creado a tal fin un laboratorio de ideas transversal. «Trabajamos de forma interdisciplinar, tanto en este tema como en otros temas importantes para la sociedad y la economía, con el fin de poder ofrecer nuevos servicios y mejorar los ya existentes basándonos en nuestros vastos conocimientos especializados y en nuestros análisis empíricos», explica Philipp Schulte, encargado de estrategia. «Al fin y al cabo el futuro del dinero sigue siendo un tema central en cuya evolución queremos participar activamente, por nosotros y por nuestros clientes».

 


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